Carlos Vidali Rebolledo
Lengua y Literatura Inglesas (SUA)
1er. Semestre
Color, colorido y espectros en el poema DESEOS[1] de Carlos Pellicer
Este poema de Carlos Pellicer evoca al arcoiris y todo su colorido, situando su nacimiento en el trópico, el lugar de la tierra donde existe la mayor diversidad no sólo en colorido, sino también en especies y razas.
Es tradición mexicana pedir un deseo cuándo se ve al arcoiris, se pide un deseo como cuando se ve una estrella fugaz o se apagan las velas del pastel de cumpleaños, el título del poema, en primer lugar, nos acerca a este arcoiris que tendrá la propiedad de transformar "la luz" al igual que el poeta. El poeta mismo es el arcoiris, que se pregunta el porqué de su maldición-bendición, el tener que convertir todo en color, como un Midas que todo lo transforma con su tacto.
¿Por qué es el trópico el que llena las manos de color del poeta? o de la voz poética, que en este caso es el arcoiris: debido a que en el trópico es el lugar en el mundo donde se da más veces la aparición del arcoiris, ya que es donde más llueve.
El sol es todos los colores, de la luz refractada de su luminosidad surge el espectro, espectro cromático que a fin de cuentas es un "espectro" o un fantasma, de ahí que se quiera "beber la penumbra de una casa desierta", lugar donde generalmente viven los fantasmas.
El arcoiris no sólo está en el trópico, puede ir a otras latitudes gracias a las lluvias que allí se producen "En las tardes sutiles de otras tierras / pasaré con mis ruidos de vidrio tornasol" la lluvia, no sólo es un "ruido de vidrio" sino también el "torna-sol" la que cambia al sol y convierte su blanca luz en arcoiris.
El que sean simétricos el final y el inicio del poema nos da la idea de un objeto simétrico, como puede ser una herradura… o un arco.
El "ayudante de campo del sol" se refiere a un personaje muy cercano a un importante general, a veces hasta su segundo al mando, a quienes, "Lo único que les distinguía en su cargo era el brazalete que llevaban en el brazo izquierdo y que estaba confeccionado con la misma pieza de tela que la faja de su General o Mariscal.”[2] "
El arcoiris podría ser el mismísimo brazalete que se pone alrededor del Sol (gran general) pues a veces éste se puede ver como un círculo alrededor del plato solar.
Y por qué el arcoiris querría irse más allá de trópico?
Para familiarizarse con otras latitudes, como el mismo Poeta que viajó por el mundo.
El dispersarse en el manto de pliegues finos implica al mar, que además es la misma orilla a la que se pretende contactar una devoción. Los versos largos y cortos, intercalados, dan la idea del oleaje marino. Donde más claro se ve el aricoiris es sobre el ancho horizonte marino.
Jorge Cuesta afirma sobre la obra de Pellicer: “Toda su obra es color… es un poeta impresinista… Las armonías de color, tan necesarias para la impresión total del objeto, supeditan en algo la forma”[3]. Este colorido desbordante e impresionista es lo que no le permite: “escribir con un lápiz muy fino” su meditación, prefiere la fuerza colorida de “cambiar de clima el corazón” (un corazón que puede cambiar del rojo al azul gracias a la “respiración”, que podría entreverse en las rimas de los versos largos (balcón, devoción, meditación, que nos hacen también pensar en alguien que sale al balcón a “tomar aire”).
Entonces “la plástica se esfuma, pero el movimiento, la pasión, ganan en fuerza y sugerencia asombrosas y el color se abrillanta en el límite justo en que comienza el colorido”[4] Color y colorido, el color es aquello que se plasma, es color es aquello que se sintetiza, Pellicer logra conjuntarlos en un “arcoiris”, en algo que acompaña al sol tropical hasta los más recónditos rincones del planeta, hasta las casas desiertas y las cabelleras lacias. Dilucidar a este poeta no es sencillo, pero muy bien puede iluminarlos, con su música, y sus evocaciones.
Carlos Pellicer
Trópico ¿para qué me diste
las manos llenas de color?
Todo lo que yo toque
se llenará de sol.
En las tardes sutiles de otras tierras
pasaré con mis ruidos de vidrio tornasol.
Déjame un solo instante
dejar de ser grito y color.
Déjame un solo instante
cambiar de clima el corazón,
beber la penumbra de una casa desierta,
inclinarme en silencio sobre un remoto balcón,
ahondarme en el manto de pliegues finos,
dispersarme en la orilla de una suave devoción,
acariciar dulcemente las cabelleras lacias
y escribir con un lápiz muy fino mi meditación.
¡Oh, dejar de ser un solo instante
el Ayudante de Campo del sol!
Trópico ¿para qué me diste
las manos llenas de color?
[1] Utilicé la versión que se encuentra en la Antología de poesía moderna, de Jorge Cuesta, 1928, Lecturas Mexicanas, FCE-SEP 1985, que tiene diferencias tanto con la versión de Poesía en movimiento y la de las Obras completas , FCE. Esta versión no está dedicada a Salvador Novo y que Pellicer, revisando las versiones posteriores, decidió eliminar los signos de interrogación al inicio y al final y cambió “cosa” por “casa”, en el verso 11 para hacer menos evidente el tema del arcoiris. Ver infra.
[2] http://www.alabarda.net/articulos/figuras/figuras40_1.htm Humberto Garrido Martín - Enero 2007)
[3] CUESTA, Jorge. Antología de poesía moderna. FCE-SEP, 1985, p 167.
[4] Ibidem.